Escribir a partidos políticos y diputados


Los partidos políticos, igual que ocurre con los medios de comunicación, relegan en la mayoría de los casos, el problema del cambio climático a un lugar menor dentro de sus programas electorales, y si llegan a gobernar, lo consideran un asunto poco importante. Es por ello que la presión ciudadana juega un papel decisivo para que reconsideren sus prioridades. Nos puede parece que los partidos políticos, como que las empresas, son entes muy sólidos y poco permeables, pero nada más lejos de la realidad: su dependencia de la opinión pública, tanto para llegar al poder como para gobernar, es casi enfermiza. Y ello es un talón de Aquiles que, si  los ciudadanos sabemos aprovecharlo, podemos utilizar a nuestra favor.

En este mismo sentido, podemos también escribir a los diputados autonómicos y estatales para que en sus respectivos parlamentos tomen iniciativas en favor del clima y, si están en la oposición, para que fiscalicen la acción del gobierno en relación al cambio climático. Todo esto, además del beneficio que genera en sí, conlleva la aparición de titulares en los informativos, y por lo tanto, una mayor difusión del tema.

Animar a administraciones públicas y empresas para que su suministro energético sea 100% renovable

Grandes ciudades de España como Barcelona, Madrid, Zaragoza, Alicante o Cádiz, junto con otros centenares de municipios de menor tamaño exigen ya a sus compañías suministradoras que el 100% de la energía que consumen en sus edificios, infraestructuras, alumbrado público, etc. proceda de fuentes renovables. Hay que tener en cuenta que el nivel de consumo de un ayuntamiento es equivalente al consumo de miles y miles de hogares.  Por ello, por el claro mensaje de apuesta por las energías limpias que lanzan a los productores de energía y por el ejemplo que suponen es una muy buena iniciativa.

Si estos municipios ya se nutren únicamente de energía 100% nada impide que los demás lo hagan. Y si lo hacen los municipios, pueden hacerlo también las administraciones regionales. Y si lo hacen las administraciones regionales, puede hacerlo también la administración central. Y si lo hacen las administraciones en su conjunto, nada impide que lo hagan las grandes empresas, que son también grandes consumidoras de energía. Los ciudadanos podemos animar, a través de escritos dirigidos a las distintas administraciones y a las grandes empresas, a que se sumen a este cambio de modelo energético que ya ha empezado.

Hacerse socio de alguna asociación ecologista

Las asociaciones ecologistas son los abogados del medio ambiente, el lobby o grupo de presión de la mayoría de los habitantes de este planeta, que queremos vivir en paz, respetando y cuidando la Naturaleza. Gracias al esfuerzo y dedicación de quienes actúan y trabajan en ellas, la situación no está peor todavía. Con una pequeña aportación económica ayudamos a hacer oír nuestro derecho humano a poder disfrutar de un entorno natural bien conservado y variado.  Y si lo deseamos, podemos participar activamente en sus campañas y actividades.

Participar en campañas on line a favor del clima

Son variadas las iniciativas de este tipo que surgen y se difunden por la red. Cuesta realmente poco sumarse a ellas, basta con leerlas y hacer un clic.  En este enlace hay una lista actualizada de las campañas en español sobre el cambio climático vigentes en change.org. Avaaz también recoge iniciativas a favor del clima que, dado el funcionamiento de esta plataforma, suelen tener un buen número de firmantes elevado. Para participar en ellas es necesario inscribirse en Avaaz.org

Denunciar las conductas de las empresas no respetuosas con el clima

Todos sospechamos que la gestión mediambiental de muchas empresas deja bastante que desear. ¡Pero es que en algunas ocasiones podemos verlo con nuestros propios ojos! Por ejemplo, de un tiempo a esta parte veo como las grandes cadenas de moda del centro de mi ciudad están con el climatizador encendido y sus grandes puertas  abiertas de par en para a la calle. Muchas veces no tienen ni puertas. Esta nefasta práctica la han ido copiando el resto de tiendas, creyendo que así van a vender más. Otro ejemplo, la empresa contrata de limpieza de mi ciudad se dedica a baldear las calles de mi barrio con agua (agua del grifo por lo demás), desde un gran camión cisterna, dejándolas exactamente igual de lo que estaban.

Como usuarios y consumidores podemos (y debemos) reclamar en estos casos: presentando alguna queja o reclamación  oficial, si la empresa tiene reconocidos algunos certificados medioambientales escribiendo a la organización que se los reconoció (en España, generalmente AENOR y Bureau Veritas). También podemos poner una reseña negativa en la página de la empresa de Google.

Escribir a periódicos y medios de comunicación

Siendo el problema más grave al que se enfrenta la humanidad en este siglo, llama la atención la poca presencia del cambio climático en los medios de comunicación y que, cuando la tiene, se relega a un segundo o tercer plano. ¡¿Cómo puede ser esto?! Los medios, en cuanto creadores de opinión, son muy responsables de que ciertos temas estén presentes en la agenda social y otros no. Presionemosles pues para que den en sus periódicos y programas al cambio climático la importancia y el lugar que requiere, de acuerdo con su gravedad. Para ello, podemos escribir al apartado de Cartas al director, al Defensor del lector de algunos diarios o directamente al director/a o redactor/a jefe de los diarios o de los informativos de televisión.

Pensar dos veces antes de comprar algo nuevo

Si queremos comprar algo nuevo podemos utilizar la estrategia de posponer la compra un día, una semana o un mes (en función de lo que se trate). Es probable que al cabo de ese tiempo ni nos acordemos, o si nos acordamos  ya no sintamos la compulsión de comprarlo sí o sí. También puede ocurrir que sigamos queriéndolo comprar, en cuyo caso, la compra seguramente esté justificada. Aplicando esta forma de procrastinación positiva ganamos autocontrol y libertad pues dejamos de responder como autómatas a nuestros caprichos y a las manipulaciones de la publicidad. Aumentamos la confianza en nosotros mismos al tiempo que, al reducir nuestro consumo, influimos positivamente en el medio ambiente y el clima.

Hacer partícipes a los demás de mis cambios y acciones en favor del clima

Todo lo que sirva para relacionarse está bien, y éste, por qué no, puede ser un tema más de conversación. Compartiéndolo con los otros, lo que hacemos en favor del clima adquiere entidad, se hace presente. Al vernos útiles ante los demás aumenta nuestra autoestima; y puede que, al escucharnos, los otros se animen también a actuar. En fin, compartir los logros propios con la gente que nos aprecia es una alegría. Como escribe el protagonista de la película Hacia rutas salvajes (preciosa película, por cierto, de reconexión con la Naturaleza) : "La felicidad solo es real cuando se comparte".​ ​

Dedicar un tiempo cada semana a imaginar la ciudad y el país que me gustaría a nivel medioambiental


Tumbados en la cama con los ojos cerrados, en silencio o con música sugerente, podemos dedicar 20 minutos cada semana a deleitarnos imaginando la ciudad y el país que nos gustaría desde un punto de vista medioambiental. Este viaje con la imaginación nos dará fuerzas y cargará las pilas de nuestros propósitos y acciones en favor del medio ambiente.

Pensar dos veces antes de comprar algo nuevo


Si queremos comprar algo nuevo podemos utilizar la estrategia de posponer la compra un día, una semana o un mes (en función de lo que se trate). Es probable que al cabo de ese tiempo ni nos acordemos, o si nos acordamos  ya no sintamos la compulsión de comprarlo sí o sí. También puede ocurrir que sigamos queriéndolo comprar, en cuyo caso, la compra seguramente esté justificada. Aplicando esta forma de procrastinación positiva ganamos autocontrol y libertad pues dejamos de responder como autómatas a nuestros caprichos y a las manipulaciones de la publicidad. Aumentamos la confianza en nosotros mismos al tiempo que, al reducir nuestro consumo, influimos positivamente en el medio ambiente y el clima.

Establecer mi "plan de acción particular a favor del clima"


A todos nos ocurre que queremos hacer ciertas cosas pero, por un motivo o por otro, van pasando los días y no terminamos de ponerlas en práctica, o bien, las empezamos y luego las abandonamos a mitad. Las acciones en favor del clima y el medio ambiente no son una excepción. Para evitar en la medida de lo posible esto es interesante realizar una buena planificación, ejecución y evaluación de lo que deseamos realizar. Así pues, es conveniente empezar por algo sencillo y asumible y/o por aquello que nos apetece más. Es mejor empezar con una única cosa y, poco a poco, ir añadiendo otras. Hay que ponerse objetivos realistas. Así, si hasta ahora me he desplazado siempre en coche no tiene sentido proponerme ir de ahora en adelante solo en bicicleta. Es más realista, por ejemplo, plantearme utilizar la bici para ir y volver al trabajo dos días a la semana. En caso de abandonar a mitad o de fracasar, viene bien evaluar los posibles motivos por los que no lo hemos logrado, evitando en todo caso juzgarnos y acusarnos. También es bueno felicitarnos por lo que conseguimos realizar y celebrarlo. Y sobre todo, más allá de conseguir hacer cosas puntuales, lo importante es adquirir un hábito (no se trata de proponerse coger la bici durante un mes, para al mes siguiente dejarla y volver al coche, sino de adquirir el hábito duradero de utilizarla).

Aumentar el ahorro y la eficiencia energéticas del hogar


Son muchas las cosas que podemos hacer en casa para ahorrar emisiones de CO2 a nuestro entorno. A través de esta sencilla encuesta podrás saber qué cosas ya estás haciendo bien y qué otras nuevas puedes realizar. Tacha con una cruz las respuestas correctas. Cuando termines de hacer la encuesta, fíjate en las que han quedado en blanco: te indicarán aquellas otras acciones puedes hacer.

Aumentar el consumo de vegetales y de productos frescos y de proximidad

Aumentar la proporción y variedad de vegetales de nuestra dieta reduce la necesidad de ingesta de carne y pescado, mejora el bienestar físico y mental, disminuye la agresividad, y nos hace sentirnos mejor con nosotros mismos al saber que estamos contribuyendo al bienestar animal, a cuidar nuestro entorno y a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. En efecto, una dieta vegetariana  o vegana genera menos CO2 y metano, menos deforestación y consume muchos menos recursos naturales que una dieta omnívora.  Por otro lado, los alimentos frescos ncesitan diez veces menos energía que la comida congelada. Y si son de proximidad este ahorro se incrementa al reducirse la energía y las emisiones del transporte. Actualmente en muchas ciudades de España hay mercados de productos ecológicos de proximidad.

Aumentar el uso de la bicicleta, de andar y del transporte público


Desplazarse en bicicleta a los sitios mejora la salud, humaniza la relación con el entorno (es un hecho que se ve con menos hostilidad la ciudad y a los demás sobre el sillín de una bicicleta que encerrado al volante de un coche) y proporciona una reconfortante sensación de poder y libertad. La bicicleta, andar o usar el transporte público permiten una forma de desplazamiento más pausado, más atenta a lo que ocurre (a los demás, a la ciudad o a uno mismo), favoreciendo de esta manera una forma de vida más amable y humana. Y por supuesto, aumentar el uso de estos medios de transporte reduce la cantidad de CO2 que emitimos a la atmósfera. Por ejemplo, recorriendo 15 kilométros semanales en bici en lugar de en coche ahorramos a la atmósfera 230 kilos de CO2 al año.

Una alternativa a la bicicleta convencional es la bicicleta eléctrica. A partir de 900 € podemos disponer de un vehículo silencioso y poco contaminante, que nos llevará a cualquier sitio sin esfuerzo. Por  el precio del seguro del coche más el de llenar 12 veces el tanque de gasolina, podemos tener una hermosa bici eléctrica de calidad que nos permitirá desplazarnos durante años. Desde luego, bajo todos los parámetros la bicicleta eléctrica es una alternativa más racional al coche privado para los desplazamientos por la ciudad. Imaginemos, por un momento, una ciudad en que la mayoría de los desplazamientos se realizasen en bici eléctrica. Una maravilla, ¿verdad?

Reforestar en las salidas al monte y al campo


Reforestar es volver a sembrar o plantar árboles en donde ahora no los hay pero los hubo anteriormente. Parece algo complicado para un particular, pero no necesariamente lo es. En nuestras salidas al campo podemos hacerlo, recolectando algunos de los frutos de los árboles de mejor apariencia, extrayendo las semillas y enterrándolas en el camino de regreso, allí donde no haya árboles y sea poco probable que lleguen las semillas de otro modo. Puede ser una bonita actividad para practicar en familia y una forma de conocer la flora de nuestro entorno. El blog Plantar árboles y arbustos de José Luis Sáez Sáez, del que he tomado prestada esta propuesta, explica muy bien cómo podemos reforestar de ésta y otras maneras.

Contratar un suministro de energía 100% limpia.

Para poder disfrutar de energía renovable en casa no es necesario tener paneles solares o aerogeneradores. Actualmente, en España es posible contratar energía eléctrica procedente de fuentes 100% renovables con varias compañías distribuidoras. Estas compañías son cooperativas como Som energiaZencer y Goiner; pequeñas comercializadoras como Holaluz.comGesternovaEnara o Gana energía, y grandes compañías como Iberdola. El precio de esta energía es generalmente el mismo que el de la producida por otras fuentes no renovables. Es una manera de potenciar desde abajo, desde el consumo, la producción de energía limpia. En el siguiente artículo se explica con más detalle este tema.

Compensar la huella de carbono

La huella del carbono es la totalidad de gases de efecto invernadero generados directa o indirectamente por un individuo, organización, evento o producto. A nivel individual, la huella del carbono sería la cantidad de CO2 que se han emitido a la atmósfera en la producción, utilización y final de vida de todos los bienes y servicios (comida, calzado, vestido, transporte, educación…)  de los que disfruta una persona en su día a día. El cálculo y la compensación de la huella de carbono es una práctica conocida en el mundo empresarial, no tanto a nivel particular.

Existen "calculadoras" que permiten calcular grosso modo cuál es nuestra huella del carbono individual, tanto en general como en algún aspecto particular (alimentación, comida, vivienda, etc.). Esta calculadora y esta otra permiten saber la huella del carbono totales de un individuo. Hay que tener en cuenta la complejidad estadística de realizar un cálculo semejante. Por ello puede ocurrir que salgan resultados dispares a partir de ambas calculadoras. En tal caso,  podemos hacer la media de ambas cifras y considerar el resultado como  nuestra huella del carbono. De lo que se trata no es de conseguir una medición exacta sino aproximada y, sobre todo, de adquirir conciencia de las consecuencias en el entorno de nuestro estilo de vida.

Una vez calculado el tamaño de la huella del carbono, es posible reducir y compensar las emisiones, a través de diferentes entidades, públicas o privadas. Existen organizaciones que compensan las emisiones de carbono de empresas e individuos, mediante proyectos de reforestación, de energías renovables, eficiencia energética, tratamiento de residuos, conservación y prevención de la deforestación o mejora de prácticas agrícolas. La iniciativa más conocida en España es CeroCO2 promovida por la fundación Ecología y Desarrollo.

Reflexionar sobre el lugar del ser humano en la naturaleza


Relacionado con la desconexión de nuestro entorno natural está la visión antropocéntrica de que el hombre es el centro del cosmos. Desde Darwin sabemos que esto no es cierto, que somos una especie más dentro de la enorme complejidad y diversidad del mundo natural. La biología y la ecología como ciencias lo corroboran.  Sin embargo, esta creencia falsa de la superioridad de los seres humanos sobre todo lo demás sigue profundamente arraigada en nuestras psiques. Su consecuencia es un peligroso desdén como especie hacia todo lo que nos rodea, que ha dado carta blanca al dominio, la explotación y la destrucción de nuestro entorno. El cambio climático es la consecuencia más trágica para nosotros de todo esto.  Necesitamos pues deconstruir esta creencia errónea y sustituirla por una visión más realista de nuestro lugar en el cosmos. Lo que llamamos Naturaleza existió millones de años antes de que surgiese el ser humano y seguirá existiendo después de que hayamos desaparecido de la faz de la tierra. Los seres humanos dependemos de la Naturaleza, no al revés.

Combinar concienciación con acción

Conciencia y acción se complementan y retroalimentan. Actuar, aunque sea con cosas pequeñas como escribir una carta a un periódico o en mi caso hacer este sitio web, da salida en forma de algo concreto al malestar  que genera dentro de nosotros el cambio climático. Ello nos alivia, nos da seguridad y nos permite tener más energía psíquica disponible para seguir siendo conscientes de lo que ocurre y actuar.

Observar la vida natural


En la línea de la propuesta anterior, podemos abrir los ojos a nuestro entorno natural y simplemente observar. Es increíble la cantidad y variedad de formas, colores, sonidos, seres vivos e inter-acciones, la cantidad de vida que se manifiesta ante nosotros si desconectamos por unos instantes de nuestras preocupaciones y ponemos la atención en un árbol y su entorno.  No hace falta salir al campo, esta actividad se puede hacer perfectamente en la ciudad, sentado en un parque. Observando, podemos ver la naturaleza incluso en el mismo centro de la ciudad en medio del asfalto y las prisas, en forma, por ejemplo, de minúsculas hierbas que emergen entre las grietas de dos baldosas, de una paloma macho que hace una baile nupcial ante una hembra o de una rapaz que surca el cielo... De esta manera, mirando y viéndola, la naturaleza aparece, deja de ser únicamente un concepto y se convierte en algo real para nosotros.

Pasear en la naturaleza


Lo que ocurre con el clima y con el medio ambiente es, en última instancia, resultado de nuestra desconexión progresiva a lo largo de los siglos de nuestro entorno natural. Sin embargo, por mucha cultura que hayamos desarrollado, los homo sapiens seguimos siendo esencialmente animales, y como tales formamos parte de un entono natural, con el que necesitamos contacto. Por ello la mayoría de las personas sentimos una íntima sensación de bienestar y de expansión cuando salimos de la ciudad y caminamos en la naturaleza.

Aumentar el contacto con nuestro ecosistema, paseando por el monte o por la playa, además de hacernos sentir más plenos y expandidos, nos hace valorar y querer nuestro entorno natural, nos vincula a él como a una parte esencial de nosotros mismos. Nos da fuerza y nos hace desear cuidarlo y protegerlo de nuestra acción depredadora.

Buscar noticias positivas sobre el cambio climático


 Las noticias alarmantes en este tema (desgraciadamente ciertas) consiguen el efecto contrario al que persiguen (hacernos actuar) y llegan a bloquearnos. Es algo natural, nuestro "diferencial" salta más allá de cierto nivel de estrés psíquico. Si queremos actuar pues, debemos hallar la manera de evitar este bloqueo. Una forma es cuidar la información que metemos en nuestro cuerpo. Si estamos pasivos ante los medios de comunicación, únicamente nos llegarán noticias alarmantes y catastróficas, que aumentarán nuestra inquietud y nos acabarán paralizando. Es pues necesario buscar activamente noticias positivas, que las hay. Yo, en un mes, me he encontrado con no menos de 10 noticias positivas en medios tradicionales. Por otra parte, hay medios como N+ Noticias Positivas que cubren esta necesidad de informar sobre los aspectos más luminosos y esperanzadores de la actualidad. La revista Ciudad sostenible también informa sobre avances en este terreno y tiene una clara orientación hacia soluciones.

En definitiva, lo saludable es mantener un justo equilibrio entre informaciones alarmantes e informaciones esperanzadoras. El exceso de las primeras lleva a la desesperación y a la parálisis.  El exceso de las segundas conduce a una realidad de fantasía, al mundo de Peter Pan. Lo bueno es encontrar un justo equilibrio entre ambas, que nos cree inquietud para ponernos en marcha y nos de esperanza para seguir el camino.

Hablar del cambio climático con naturalidad con otras personas.

Aquello de lo que no se habla no existe. Y esto ocurre con el cambio climático: está prácticamente ausente de nuestras conversaciones cotidianas, parece como que no existe. Hagamos pues que exista hablando de ello con las personas de nuestro entorno. Con naturalidad, sin actitudes culpabilizadoras o de superioridad moral, sino como personas que, como el resto (aunque no lo digan), estamos preocupadas con lo que ocurre. Por ejemplo, cuando alguien en un día de octubre soleado a 30º diga que hace buen tiempo, se le puede puntualizar, sin acritud, que eso no es buen tiempo, que eso es cambio climático; que buen tiempo sería que hiciese 15º y lloviese. Además de dar existencia al cambio climático, hablar de él nos ayuda a reducir y a hacer más llevadera la angustia y malestar que nos provoca.

Ser compasivo con el malestar que produce el cambio climático

Es inevitable que el cambio climático nos produzca malestar y angustia, a nosotros y a los que demás. ¡No es para menos! Ante esta angustia las personas reaccionamos de muy distintas manera: negando el problema, con cinismo, con indiferencia, con actitud derrotista, culpabilizando y juzgándonos a nosotros y a los demás...incluso con un optimismo desbordado. Cada uno según su carácter adoptamos una reacción defensiva u otra. Ahora bien, una forma más saludable y a medio plazo más efectiva, es abrir los ojos y contemplar la realidad: ver el problema y atrevernos a sentir lo que éste realmente nos produce. Llegados a este momento, en vez de seguir con nuestras habituales estrategias defensivas podemos optar por tratarnos con compasión (o benevolencia) como un buen padre o madre trataría a su hijo que tiene mucho miedo, con cariño, aceptando que tiene miedo y que le angustia la situación. Sin huir ni negar nuestro miedo, simplemente acompañándolo.De esta manera es más probable que salgamos del círculo de angustia → inacción → angustia en el que estamos la mayoría en relación al cambio climático. 
Ser conscientes de la dimensión emocional del cambio climático y aprender a saber acompañar nuestro miedo y angustia es, pues, un punto clave para ponernos en marcha a favor del clima.